Este es el relato de nuestra primera aventura en Marrakech, antes de arrancar el roadtrip de 6 días rumbo al desierto.
Tip viajero: El transporte en Marrakech puede ser un poco (mucho) caótico. Lo mejor es moverse a pie dentro de la Medina, y usar taxis o apps como Bolt para trayectos más largos.
Febrero, COVID y una valija perdida
Llegamos al aeropuerto por la mañana. No les voy a mentir: el inicio fue caótico. Era febrero de 2020, justo antes de que explotara el COVID, así que ya se respiraba un aire tenso. A eso se sumaba la llegada de una amiga argentina desde Barcelona, con quien teníamos que encontrarnos en el aeropuerto para retirar el coche alquilado e ir al Riad. Fácil, ¿no? Bueno… no tanto.
A mi amiga le perdieron la valija. Primer stop: oficina de reclamaciones. Por suerte hablaban francés, así que todo fue más fácil para mí. Nos dicen que la valija aparece esa tarde. Perfecto. Pero eso significa que vamos a tener que volver al aeropuerto más tarde.
El alquiler del auto: más vueltas que en la Medina
Salimos a buscar la agencia de alquiler. Éramos tres: un francés y dos argentinas recorriendo el parking del aeropuerto sin ninguna señal clara. Después de mil vueltas, la encontramos.
El auto era ideal, una SUV perfecta para la ruta. Pero claro, no aceptaban tarjeta de débito, y la única tarjeta de crédito que teníamos, no nos acordábamos el código de seguridad. ¿Solución? Salir corriendo al aeropuerto para captar un poco de wifi, entrar al banco, sacar el código, y volver a pagar. ¿Quién dijo que viajar relaja?
Marrakech en auto: spoiler alert, no lo intentes
Salimos con destino al Riad. El aeropuerto no está lejos del centro, así que pensamos que llegábamos rápido… Pero no sabíamos que no se puede entrar en coche al corazón de la Medina.
Nos fuimos metiendo cada vez más y más, hasta que dos tipos se pararon delante del auto. Mi querido conductor, inocente como siempre, baja la ventanilla (¿por qué?) y ellos nos explican que a partir de ahí, hay que dejar el coche y seguir a pie. Lógico, pero ¿dónde estacionar?
El arte de ser engatusado (nivel Marrakech)
Empieza la negociación. De repente ya no eran 2 tipos sino cinco. Nos rodean, y nos marean con tanto diálogo, porque querían que estacionemos en el parking que ellos nos indicaban. Mientras tanto, mi amiga, por algún motivo que desconozco hasta el día de hoy, en el medio de la negociación, decide bajarse del auto y entrar a un local… porque olió cedro y era más fuerte que ella. C-e-d-r-o. En medio del caos. No me salieron canas verdes porque no había tiempo.
Finalmente, estacionamos en un lugar que ellos nos indican. Ni cartel, ni precio. Una vez ahí, nos preguntan a qué Riad vamos. Yo ya sin paciencia. Intento usar el GPS para no tener que depender de ellos, pero no hay señal. En eso, uno de ellos agarra mi carry-on y empieza a caminar hacia el Riad.
Caminata forzada hasta el Riad
Caminamos como quince minutos por un laberinto de calles angostas, completamente entregados al universo. Por arte de magia, llegamos. Nos abren las puertas del Riad. Todo bien, hasta que…
La extorsión final
Los «amables» ayudantes ahora quieren 20 euros por habernos ayudado. Y cuando decimos que no y les proponemos otro monto, empieza la discusión. Cada vez se sumaba más gente. Por suerte, el dueño del Riad salió a calmar las aguas, aunque sin comprometerse demasiado. Al final, les pagamos y se fueron.
Tajine con cardamomo y respiro
Agotados física y mentalmente, entramos a un paraíso marroquí. El Riad era hermoso. El dueño, compasivo, nos preparó una tajine deliciosa y un café con cardamomo que todavía trato de replicar en mi casa.
Valija encontrada y cena con show
Uno de los chicos del Riad nos llevó al aeropuerto a buscar la valija. ¡Estaba! La historia empezaba a mejorar.
A la noche, salimos a cenar al restaurante Le Jardin du Lotus, que ya estaba en mi lista de imperdibles. Comimos un couscous riquísimo mientras unas bailarinas danzaban junto a nuestra mesa. Todo muy de película.
Conclusión de la recibida de Marrakech:
El efecto turista nos pegó fuerte. Pero sobrevivimos. Y todo lo que vino después fue mejor (te lo prometo).